No existen malos comportamientos, solo necesidades emocionales no cubiertas


Detrás de todo “mal” comportamiento en los niños, hay una necesidad emocional no cubierta. Detrás de un comportamiento agresivo, tímido , distraído, inquieto, desmotivado, demandante o irascible hay un dolor emocional que el niño esta expresando en el único lenguaje que se tiene en la infancia: su comportamiento.

El cerebro infantil es un cerebro diseñado para la supervivencia, de los cero a los siete años dependemos de un adulto para salvaguardar nuestra integridad física.

Razón por la cual el niño experimenta todo como vida o muerte. El niño va de la alegría, a la tristeza, al enojo sin autorregulación, sin pasar por la calma. El niño no sabe por sí solo qué hacer con sus emociones, necesita un adulto que haya desarrollado su educación emocional.

Es necesario que en la niñez se cuente con una educación emocional que permita al niño sentir calma después de cada emoción para que pueda desarrollar su tolerancia ante el cambio y la perdida que son constantes en la vida humana.

Una educación emocional le permitirá al niño transformar sus emociones y poder seguir adelante ante cualquier circunstancia dolorosa. Con la educación emocional el niño deja de necesitar comportamientos errados para solicitar que algo externo a él le ayude a regular lo que siente. Con la educación emocional el niño desarrolla su autoestima, confianza y seguridad cada vez que se presenta una emoción en su vida.

No hay comportamientos buenos ni malos, cuando el comportamiento de un niño es poco efectivo para establecer una relación armoniosa con él mismo, los demás y que le permita enfocarse para desarrollar habilidades, hay una necesidad emocional por atender.

Las necesidades emocionales que los niños requieren son:

  • Atención en calma de sus padres, jugar con los niños cubre esta necesidad

  • Pertenencia interna, responsabilidades en casa acorde a mi edad y enseñadas en calma y tolerancia por los padres

  • Pertenencia externa, contar con un espacio donde pueda experimentar las habilidades que tiene

  • Reconocimiento o valorización, de sus emociones y aptitudes por sus padres

  • Protección, sentirse protegido por la presencia en calma de sus padres

  • Padres con paciencia y tolerancia, que los acompañen a transformar sus emociones

No hay niños chiflados ni monstruos, hay niños, padres y educadores con poca educación emocional.

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