¿Cómo hacer que mi hijo deje los videojuegos?


Detrás de todo comportamiento obsesivo de hay una necesidad emocional no cubierta.


El cerebro es el órgano regulador del comportamiento y su función es protegernos de morir. El cerebro necesita que se cubran las necesidades físicas de supervivencia, así como también las emocionales.


Por lo tanto el cerebro, genera comportamientos para sobrevivir a el ambiente que percibe o para desarrollar habilidades necesarias de supervivencia.


El cerebro necesita sentirse capaz, poderoso, bueno en algo para poder estar tranquilo y saber que podremos defendernos ante un peligro o experiencia desafiante en nuestra vida.


Los videojuegos hacen sentir capaces, poderosos y fuertes a nuestros hijos de manera rápida y sin esfuerzo.


El cerebro se hace adicto a esa sensación de placer o fortaleza momentánea sin esfuerzo, no logrando generar una neurología de satisfacción y fortaleza basada en el esfuerzo. Siendo esto lo que el cerebro busca, hacernos fuertes a través de experiencias.


El cerebro se confunde con lo virtual, lo cree real y en verdad piensa que ahí es el lugar adecuado para hacernos fuertes.


A la larga produce frustración, ya que la vida no es como los videojuegos, donde rápido puedo empezar otro juego para sentirme fuerte. Las experiencias reales de perdida involucran pasar por el dolor. Es un proceso que lleva tiempo y que finalmente nos lleva a desarrollar habilidades de vida.


El video juego proporciona rápido la posibilidad de vivir la misma experiencia y ganar, en la vida no es así.


En la vida real la perdida involucra dolor no tan pasajero que me permite conducirme a la acción de esforzarme para lograr una meta en períodos mas prolongados. Es así como el cerebro se hace fuerte en lo real no en lo imaginario.

Poco a poco el nuestros hijos se aíslan en un mundo virtual siendo ese espacio el único donde ellos se sienten capaces. Se pierden en la fantasía y se discapacitan para la vida real.

Se vuelven temerosos, frustrados y no comprenden porque en la vida no todo es tan rápido como en el video juego.


Si nuestros hijos no cuentan con un ámbito personal donde exploren sus habilidades y se sientan satisfechos por su esfuerzo. El videojuego se convierte en el único proveedor de su fortaleza “imaginaria”.

El cerebro no distingue entre lo real e imaginario solo distingue la emoción que cubre su necesidad de no sentirse suficientemente capaz.

Nos pasa a los adultos adictos a las redes sociales. Una adicción para satisfacer el hambre de reconocimiento externo por no ser capaces de aventurarnos a tener una vida plena. Una vida que requiere esfuerzo pero que brinda satisfacción duradera. Lamentablemente preferimos el placer de la apariencia, así evitamos el esfuerzo de cambiar.

Empieza por cumplir tus pasiones, haz parte de tu vida a tu hijo y fortalezcan juntos la satisfacción que da el esfuerzo de dedicarte aquello que te hace bien más que dedicarte a aquello que solo los hace sentir bien por instantes.

El deporte, el arte y actividades plásticas cubren esta necesidad.

Pero si tú no tienes una vida que te apasione... hay muy poco que puedas hacer por tu hijo.

¿Y tú estas dispuesto a dejar lo virtual y aventurarte a lo real? Hay una vida que esta esperando ser vivida por ti y tus hijos.

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